Foto: Wikimedia Commons

Por Anel Cárdenas, Diego Gálvez y Alan Martínez

“Me daba tristeza porque ya no iba a poder comer o agarrar un libro” – Expresó nostálgico, Juan Carlos Aceves Moreno de 13 años; mientras miraba sus brazos al recordar aquel trágico 21 de diciembre del 2016, cuando la explosión del mercado de artesanías pirotécnicas “San Pablito”, en Tultepec Edo. De México, casi le cuesta la vida.

Entre gritos desesperados y una gran multitud de gente, Juan Carlos perdió de vista a su mamá. Con quemaduras en gran parte de sus brazos, corrió hasta la entrada del mercado, donde unos minutos más tarde una ambulancia se lo llevó. Juan Carlos no tenía idea de que en ese momento, su calidad de vida iba a cambiar para siempre.

LA EXPLOSIÓN

Guadalupe Moreno, madre del pequeño, trabajaba como intermediario en el mercado, es decir, compraba pirotecnia a los fabricantes y la revendía a los locatarios de “San Pablito”; ya que era el único sustento económico para la familia. Pues, cuando Juan Carlos tenía tan solo tres años, su padre murió. Así su madre se convirtió en la única entrada de dinero.

El 21 de diciembre, Juan Carlos y su mamá llegaron a dicho establecimiento para entregar mercancía y asimismo visitar a su nuera, quien trabajaba en el tianguis pirotécnico, pero jamás imaginaron que una tragedia tan grande pasaría. Unos minutos más tarde, Juan Carlos encontró a un amigo; por tal motivo se acercó con Guadalupe y le dijo: “Mamí, ¿me das permiso de ir a jugar canicas?”

Juan Carlos entonces, se alejó unos cuantos locales del primer módulo donde estaba su mamá; ya que una locataria no lo dejó jugar cerca. Aún no habían pasado ni diez minutos y la explosión comenzó a tan solo dos pasillos de donde se encontraba.

“Fueron tres partes donde comenzó todo. Yo estaba desesperada, salí, volví a entrar, ¡fueron segundos!” –Comento Guadalupe en un tono inquietante.

En medio del humo, gritos de dolor, desesperación y el olor a pólvora, Guadalupe comenzó a buscar a su hijo; “Me quede en el local de mariscos frente al mercado y fue cuando lo ví. No me percaté de las quemaduras, él salió por su propio pie e incluso le llamé la atención.” – Relató la señora Guadalupe

Fue entonces que con sus manos, Guadalupe comenzó a sacudir la ropa del niño para quitar los restos de tierra y pólvora. Ahí se percató que su hijo presentaba quemaduras en sus brazos.

Rápidamente, la madre del menor corrió al estacionamiento por su camioneta para llevarlo al hospital. Dejó a Juan Carlos encargado con una empleada de la marisquería que está del otro lado de la carretera.

“Cuando salí estaba todo quemado y me dolía…” –Recordó Juan Carlos.

Cuando Guadalupe regreso por su hijo, él ya no estaba ahí: “Regresé y una de las señoras me dijo ‘ya se lo llevaron’” Al no saber quién se lo llevó, ni cómo lo hizo, comenzó a preguntar por él desesperadamente.

Debido a la confusión, no se sabe exactamente quién fue la persona que se llevó a Juan Carlos. Él se encontraba en estado de shock en ese momento.

“Increíble o no, para los que creemos en Dios, me decían que llegó un muchacho vestido de blanco y que se lo llevó. Juan dice que fue por su propio pie y una compañera me aseguró que se lo llevaron, pero no vio quien.” –Comentó Guadalupe Moreno.

¿DÓNDE ESTÁ JUAN CARLOS?

Fue la primera pregunta que se hizo su mamá de manera desesperada al no saber el paradero de su pequeño. Afortunadamente, la hija de la señora Moreno, hermana de Juan Carlos y quien pidió reservar su nombre, es enfermera, e inmediatamente se dio a la tarea de investigar a que clínica había sido trasladado su hermano.

Gracias a la oportuna reacción de la hija de la señora Guadalupe, supo que su hermano fue directo al Hospital General Vicente Villada en Cuautitlán, Méx. Ya que, Juan Carlos necesitaba atención médica inmediata por las quemaduras que presentaba en su cuerpo, principalmente en sus brazos.

“Primero me empezaron a limpiar y pasaron como 30 minutos y me dieron medicamento” –Aseguró Juan Carlos.

Luego de ser brevemente interrogado por los paramédicos dentro de la ambulancia, Juan Carlos recuerda que al llegar al hospital le brindaron primeros auxilios, mismos que sirvieron para valorar la gravedad de las quemaduras y fue entonces que se determinó que tenía heridas en el 35% de su cuerpo.

Asimismo, por la gravedad de las heridas, Juan Carlos necesitaba de atención médica especializada para asegurar su vida. Por motivos económicos no podía ser trasladado a una clínica particular; así que inmediatamente lo llevaron al Hospital Materno Infantil de Xochimilco, ya que la institución cuenta con seguro popular y así la economía de la familia Aceves Moreno no se vería afectada.

Gracias a la intervención del gobierno estatal, liderado por el gobernador en turno, Eruviel Ávila Villegas, el traslado se efectuó por el agrupamiento aéreo “Cóndores”, que realizaron el viaje de emergencia Cuautitlán-Xochimilco.

MICHOU & MAU, UN ÁNGEL PARA JUAN CARLOS

Esa misma noche, Virginia Núñez Luna, directora de la unidad de quemados del Hospital Materno Infantil de Xochimilco, realizó una llamada al departamento de logística de la fundación Michou & Mau para pedir apoyo de una unidad de traslado, puesto que en esa clínica no se contaban con los recursos necesarios para sacar adelante al menor.

El primer reporte que recibió la hermana de Juan Carlos fue que él se encontraba estable, no presentaba ningún problema de gravedad; únicamente tenía complicaciones al orinar, pero nada de mayor riesgo.

Michou & Mau es una organización no gubernamental que se encarga de dar asistencia médica sin costo a niños mexicanos con quemaduras severas; así brinda el apoyo necesario al afectado y su familia. Para que un niño sea candidato para recibir el apoyo de la fundación, debe ser menor de 18 años, asimismo debe tener como mínimo el 30% de quemaduras en el cuerpo. Después se hace una valoración para determinar la gravedad de las heridas.

La directora Virgina hizo la observación del caso de Juan Carlos; mandó fotografías a Michou & Mau para valoración y así saber si él era candidato para recibir apoyo.

En un acuerdo con el Doctor Yannik Nordin, quien trabaja para la fundación en Guadalajara; se ordenó que el menor era apto para traslado.

“Es muy importante que antes de comenzar cualquier traslado, primero necesitamos la autorización y el consentimiento de los padres” – Comentó Alberto Enriquez, quien forma parte del departamento de urgencias en la línea telefónica de Michou & Mau.

Debido a la rapidez con la que actuaron las instancias médicas y la fundación Michou & Mau, la madre del menor no supo del traslado al que su hijo había sido candidato.

“Aproximadamente a las 10 de la mañana salió mi hija de ver a Juan, me dijo que ya estaba estable; que tenía un 35% de quemaduras en el cuerpo, pero que estaba bien. Me quedé un rato con ellos, luego me dijo mi yerno que había dos niños que se iban a llevar a Galveston y uno de ellos era Juan Carlos y como a las 11 de la mañana me llamaron para pedirme mis documentos, porque en la madrugada nos trasladarían para Galveston”, – comentó la señora Guadalupe.

El viaje sería realizado al Hospital Shiners For Children en Houston, Texas, Estados Unidos. Para que este proceso resultara exitoso, fue necesario que la fundación se contactara con la embajada de EE.UU y tramitara una visa de emergencia médica, también conocida como visa waiver o visa humanitaria, que permitiría ingresar al paciente a la unión americana.

Cuando la señora Guadalupe Moreno es notificada de que su hijo debe ir acompañado de un tutor, se encuentra con un nuevo obstáculo; ya que uno de los documentos necesarios para tramitar la visa es la credencial de elector, misma con la que no contaba, pues la había extraviado en la explosión.

“Le dije a mi hija que yo no podía ir, por la documentación, entonces fue cuando me dijo que ella se iría con juan” –Explicó Guadalupe.

Viaje a Houston, Texas

Todo estaba listo, los trámites de las visas ya habían sido hechos por la fundación, era la hermana de Juan Carlos quien viajaría finalmente con él.

“Sentí tristeza porque no iba a ir mi mamá e iba a ir mi hermana”, – expresó Juan Carlos; después de todo no deja de ser un niño que necesita el apoyo y cariño de su madre.

Era necesario que llevaran a Juan al aeropuerto Internacional Lic. Adolfo López Mateos de Toluca, de ahí una ambulancia aérea contratada por Michou & Mau realizó el viaje a Houston.

Dicha unidad tuvo un costo total aproximado de 250 mil, 260 pesos, “Se cotizó una ambulancia aérea y una vez que se determinó que ya estábamos de acuerdo que el paciente se iba a trasladar; cotizamos con tres empresas de ambulancias aéreas, de la confianza del comité médico de la fundación, certificadas por el mismo e incluye el Jet privado de traslado donde solo caben piloto, copiloto, paciente, médico y familiar acompañante. Y bueno, también se les paga a los médicos especializados de vuelo que van durante el traslado”, – aclaró Alberto Enríquez.

Durante las casi dos horas de vuelo en un Learjet 35 adaptado especialmente para servir como ambulancia aérea, las instancias médicas del Hospital Materno Infantil en Xochimilco y el Hospital Shiners For Children en Houston, realizaban videoconferencias donde se discutía el estado clínico de Juan Carlo, esto con el fin de poderlo atender de la mejor manera posible.

“Nos comunicamos al área de terapia intensiva con el enfermero de Shriners en Galveston, primero les enviamos previamente la foto clínica, esperamos cinco minutos, les llamamos y comentamos que teníamos un nuevo caso, que si por favor podían recibir al niño. Entonces ellos nos dicen ‘Necesitamos también nosotros hacer una conferencia médica, para saber el que condiciones vamos a recibir al niño’. Hacemos esta otra conferencia médica, con el médico tratante, o sea la Dra. Núñez y un médico en Estados Unidos; esta conferencia es en inglés, hacemos el enlace telefónico con traducción al español y ya finalmente se dictaminó que estaba estable, y Shriners comentó que si estaba estable se podía recibir” – Describió Alberto Enríquez.

Atención médica en Shriners

El parte médico fue reservado, por motivos de seguridad, puesto que Juan es menor de edad, el hospital Shriners solo proporcionó datos generales sobre el paciente.

“La información en Estados Unidos es mucho más restringida por las leyes y políticas que ellos manejan, tienen mucho reservado el proceso de información; a nosotros nos brindan datos muy general sobre el paciente” – Aclaró Alberto Enríquez, quien forma parte del departamento de urgencias Michou & Mau.

Al llegar a Texas; Juan Carlos ingresó con rapidez a quirófano, debido a las

heridas que ponían en riesgo la funcionalidad de ambos brazos, necesitaba de injertos de piel inmediatos, si esto no se hubiera realizado existían altas posibilidades de que perdiera sus miembros.

“Nos dan una información general; ‘Ahorita está en quirófano, está en proceso de injerto y continua entubado´; hasta ahí, no profundizan más.” – Comentó Alberto Enríquez.

Después de los injertos, se esperaba que el cuerpo de Juan Carlos no los rechazara, afortunadamente sus barzón empezaban a sanar con rapidez; desde el día 22 de diciembre que llegó Juan a Houston, estuvo en tratamiento exactamente 22 días en los que con ayuda de la fundación Michou & Mau, recibió total apoyo con comidas y hospedaje para él y su hermana.

Fue necesario que se llevara un proceso de cuidado intensivo para evitar cualquier infección. La fase que se lleva a cabo es de limpieza constante, Posterior a estos cuidados y una vez que la piel comienza a cicatrizar se deben de usar prendas de presoterapia, que evitan que la piel crezca en desorden; mismas que son diseñadas especialmente para el área afectada del paciente.

Al llegar al hospital Juan Carlos, tenía miedo al ver la gravedad de las heridas que tenía en los brazos, al límite en que llegó a pensar en perderlos.

“Me daba tristeza, porque ya no iba a poder comer o agarrar un libro”, – Expresó nostálgico, Juan Carlos.

Gracias a la pronta atención que tuvo el joven durante 22 días en Sriners, recuperó la movilidad en sus brazos.

Juan Carlos regresa de Galveston

Después de la llegada de Juan Carlos a México las revisiones para evaluar su proceso de recuperación han sido constantes, mismas que también han sido supervisadas por Michou & Mau, en el área de secuelas; la primera fue en el Hospital General Dr. Nicolas San Juán, según información proporcionada por Mauricio Lizaola, parte del departamento de Secuelas en la línea telefónica de Michou & Mau. Posterior a esta visita al hospital de

Toluca se agendó una nueva cita de revisión para el día 6 de octubre.

“Si en el futuro se considera necesario que regrese a Galveston, la fundación lo vuelve a apoyar hasta que se dé de alta al paciente, por lo pronto lleva un tratamiento aquí en México” – Afirmó Mauricio Lizaola.

Luego de haber estado en el tianguis de cohete aquel trágico 21 de diciembre, la pérdida de su hermano a causa de una explosión de gas que además destruyó en su totalidad su hogar y el fallecimiento de su padre a sus tres años; Juan Carlos se encuentra feliz hasta la fecha, gracias a la oportunidad que le dio la vida para demostrarle al mundo que nada ni nadie podrá detenerlo.

La madre de Juan Carlos, quien es fiel creyente en Dios, jamás dejó de creer en que su pequeño podrá salir adelante.

“Nunca dude de que él se salvara, mi desesperación era lo que le había pasado, si se había quemado o caído”. – Afirmo Guadalupe Moreno.

“SOLO NECESITO UN EMPUJONCITO”

María Guadalupe Moreno, el día de hoy trabaja como vendedora de sombrillas, ya que por la situación de Juan Carlos, no puede descuidar al joven. No espera que alguien le dé la respuesta a la pregunta que su niño le hace todos los días. “¿Mami, porque a nosotros?”.

A pesar de las marcas en los brazos que reflejan el dolor que Juan Carlos ha vivido a lo largo de su vida, se encuentra feliz porque puede continuar con su vida diaria. Pero asegura que desde la explosión en el tianguis en Tultepec no quiere tener ningún contacto con cualquier artefacto pirotécnico.

Juan Carlos Aceves Moreno, a sus jóvenes 13 años, ha tenido una vida llena de pérdidas importantes en su núcleo familiar; todos los días se levanta agradecido con Dios por regalarle otro día más de vida para salir adelante junto a su madre que jamás dejó de confiar en su pequeño guerrero y espera pronto ser ella a la que Juan Carlos cuide todos los días.

“Me siento bien, me siento tranquilo” – Aseguró Juan Carlos.