Foto: Sajjad Zabihi @ unsplash

Por Alan Josue Martínez Castillo

No sabía dónde estaba ni por qué me sentía de esa forma. El lugar es un tanto extraño, no logro ver muy bien lo que hay a mi alrededor, lo único que puedo ver de forma clara es la silueta de esa mujer que va camino al tren. El pasillo es más blanco de lo normal, los anuncios publicitarios no están prendidos como todas las noches.

Entonces me di cuenta que era un sueño, no recurro a salir de casa sin mi teléfono, mucho menos a altas horas de la noche, pero el frío se siente muy real, los ojos aún los siento húmedos. Por la mañana discutí con mamá por mis malas notas en la escuela. Mis amigos ya no son los mismos conmigo, me ignoran, ya no me llaman para salir, creo es por el hecho de estar todo el día triste, ¿pero cómo me puedo sentir si todo está mal en mi vida?

Todos dicen que la vida es bella, ¿en qué sentido? No consigo ver lo bello de ella, nadie me pone atención, todos me miran de forma incomoda, soy el extraño con el que nadie quiere platicar. Lo único que me relaja es escuchar música de camino a casa mientras fumo, siento que el cigarrillo se consume de la misma forma en la que se termina la vida. ¿Que si es extraño? Vaya que lo es, pero me siento tranquilo al hacerlo.

Cada paso que doy camino al tren se siente más real que nunca, los oídos me retumban del silencio que hay por los pasillos, el único ruido que escucho de manera clara es aquella mujer: me pide que lo haga, no logro entender por qué. Su voz es tan linda, me transmite tanta tranquilidad. Camino detrás de ella para saber quién es. No logro acercarme a ella.

Al ver que no conseguí saber quién, es me detuve. Me siento en la banca que se encuentra frente a las vías, lo único que quiero es despertar. No consigo hacerlo. Entonces prendí el último cigarrillo que me queda, el humo envuelve mi mano y la ceniza cae al tiempo que lo hacen mis lágrimas al recordar todo, ¡SÓLO QUIERO DESPERTAR!

Del otro lado de las vías está ella, más hermosa que nunca, me dice de nuevo que lo haga, ahora entiendo perfecto lo que me pide, dejo caer el cigarro aún sin terminarse, me levanto de la banca fría y camino directo con ella.

Caigo a las vías al mismo tiempo que pasa el tren de media noche. El dolor que pasa por mi cuerpo me hace entender que no es un sueño, es real, más real que nunca. El dolor físico no es nada al que siente el corazón cuando nadie te entiende. Así que me voy tranquilo, el último latido termina cuando el cigarrillo se acaba. Todo se acabó ahora sólo existe la tranquilidad en mí. Estoy bien.